Capítulo 10: Haste.
Marcos, Chueco, Javo y Gon.
(Pero más que nada, Marcos.)
Una vez más, una puerta aparecía en un mundo nuevo. En un oscuro establo, con el piso de barro y heno, las zapatillas rojas de Gon dieron unos pocos pasos, seguidos de cerca por las zapatillas de Marcos, Javo y Chueco, con sus respectivos dueños. Y una vez más, la puerta desapareció detrás de ellos. Chueco, que al cerrar la puerta se había apoyado sobre ella, se cayó al piso sobre un pedazo de estiércol cuando ésta desapareció.
“La reputa madre, otra vez”- Dijo Chueco levantándose y limpiando su cara con la remera.
“Che, ¿Qué onda este establo?”- Preguntó Marcos viendo a su alrededor a los caballos que masticaban tranquilos en sus studs.
“Efectivamente, este mis amigos, es un establo”- Dijo Javo –“Y por los datos que tengo de ustedes, hay uno en especial que va a empezar a reaccionar a estos bellos equinos”.
“¿Ku?”- Pregunto Gon.
“AH, MIS PEZONES”- Gritó Chueco adolorido, levantando su remera.
En su pecho con tetitas, sus pezones se habían agrandado y parecían dos platos pequeños, y se retorcían para un lado y para el otro, como si un hombre invisible se los estuviese tratando de dejar púrpuras.
“¿QUÉ CARAJO ME PASA? LA ALERGIA ME DA ASMA NOMÁS”- Gritaba en el piso.
Marcos empezó a cagarse de risa, y se agarraba a Gon para no caer al piso.
Gon, con sus conocimientos médicos, abrio la boca y dijo:
“Ku”
“No, amiguillos, lo que pasa es que al estar en esta dimensión, estos que nosotros vemos como caballos, en realidad difieren de los de nuestra dimensión a niveles sub-atómicos, y de la misma manera, tu reacción alérgica es diferente”- Explicó Javo.
“Pero si son distintos ¿Por qué mierda me viene a dar alergia? No tiene sentido”- Dijo Chueco.
“Vas a tener que tener cuidado Chueco, el mundo obra de maneras misteriosas”- Dijo Javo –“Pero ahora ayudame a levantar a Marcos que me parece que se desmayó de la risa y salgamos de acá para ver mejor el terreno”.
Todos juntos abrieron de par en par la puerta del establo y un fuerte haz de luz invadió el interior del lugar.
Se encontraban en la cima de una colina, con un camino de tierra que descendía hasta una casucha y un molino cercano.
Más a lo lejos, los chicos pudieron divisar un pueblo con sus chimeneas humeantes.
Chueco, todavía frotándose los pezones por el dolor, aguzó los ojos para ver mejor.
“Esas construcciones… Parece arquitectura medieval… Creo… No le di mucha pelota a las clases de Historia”- Dijo Chueco –“Lo que me hace acordar… Creo que tenía una entrega… Me cuelgo de Nacho y la entregamos juntos y fue”.
Mientras tanto, estirando el chiste…
Un vasallo de cristal de Crializord se acercó a su maestro preocupado.
“Mi Señor, al parecer hay un grupo revolucionario”- Le expresó la criatura.
“¿EH? ¿Quién osa desafiarme?”- Preguntó Crializord, casi divertido.
“Es en lo que los humanos llaman Ciudad Universitaria… Un grupo denominado “FUBA” esta causando alborotos, y se quejan de… cosas Mi Señor. Pero a la vez, no hacen realmente nada. Estamos sumamente confundidos Señor, ¿Qué desea que hagamos?”- Preguntó el lacayo.
“La verdad que… Nada, déjalos estar. Me da paja esa Ciudad Universitaria, uno va a matar a todos, y no hay nadie porque hay paro, al otro día vas y está todo inundado… Déjalos ahí, ese lugar es un quilombo ya como está. Sigan con la recolección de esclavos.”- Ordenó Crializord desde su trono.
Volviendo a lo que nos compete…
“¿Qué será de los chicos?”- Se preguntó Marcos –“¿Estarán bien?”
“Si, yo preparé unos grupos perfectos para la situación”- Dijo Javo.
“Eh, no son tan buenos… El de Joaco, Fede y Nacho me parece medio aburrido eh… Seguro lo único cómico es que se la pasan haciendo chistes gays, y siguieron al primer zapallo que se les cruzó”- Dijo Chueco.
“¡Ku! ¡Ku ku!”- Exclamaba Gon, señalando al pueblo.
“¿Gon? ¿Qué pasa chico?”- Dijo Marcos, tratando a Gon como un Labrador.
De la aldea, lo que pareció ser el humo de las chimeneas, ahora era una columna negra que trepaba al cielo oscureciendo la villa a sus pies. Las llamas estaban devorándolo todo.
“Mierda”- Dijo Javo –“Hay que ir ahí, rápido”.
“Esta lejos man, no llegamos más caminando”- Dijo Marcos.
“Vamos a tener que agarrar los caballos. Vamos”- Sumó Javo.
“LAS PELOTAS QUE VAMOS A CABALLO”- Se negó Chueco.
“Pero boludo, si no nos apuramos, la historia no avanza más, sumado a que estos dos pelotudos suben un capitulo cada muerte de obispo, no hay tiempo para discutir”- Dijo Javo.
“No, ni en pedo voy”- Fue lo último que dijo Chueco, porque en ese momento, Gon se acerco por atrás, dijo “NOW”, y le partió un palo en la cabeza, durmiéndolo en el lugar.
“Wow… Bien Gon, al fin un poco de iniciativa”- Aprobó Marcos.
“Ku”- Respondió Gon, y entro al granero arrastrando a Chueco, seguido por los demás.
“Che”- Dijo Marcos –“Alguien… ¿Alguien sabe ensillar?”
“No hace falta”- Dijo Javo –“Ese de ahí ya esta ensillado”.
“Pero es uno solo, le rompemos la columna al pobre caballo”- Respondió Marcos.
“Tengo una idea”- Dijo Javo.
Saltando al galope, el caballo salió del establo a toda velocidad, encaminado hacia el pueblo. Con las riendas en mano, Marcos alentaba al caballo, con Javo apretado detrás de él, y Gon haciéndole sanguichito. A Chueco lo llevaban flameando con una cuerda atada a la montura, y los seguía arrastrándose por el piso, todavía inconsciente.
“Estos animales son más fuertes de lo que me esperaba”- Dijo Marcos, mientras el caballo bajaba por la pendiente a toda velocidad.
Y fue entonces cuando al equino se le rompió la espalda, y cayó muerto ahí mismo sobre el piso. Los tres que lo montaban salieron disparados, y se la dieron de cara contra la muralla de pilotes de madera que bordeaban el pueblo.
Chueco rodó hasta su lado.
“Ay, la puta madre Javo, te voy a cagar a palos”- Decía Marcos.
“Idiota, callate, suficiente con que llegamos al pueblo”- Respondió Javo.
Gon se asomaba por un agujero que había formado contra el muro en el momento que lo chocó, agarrándose la cabeza.
Los gritos desesperados de la gente se escuchaban desde donde los chicos estaban. El pueblo estaba sumergido en caos.
Chueco recobró la conciencia por el griterío.
“Mamá… Mamá, ¿Por qué me arde la espalda? Mamá, ¿Dónde estoy? Mamá, ¿Dónde esta el vodka? ¿Y por qué me duele la nuca? ¿Y Gon por que es negro?”- Preguntaba Chueco desconcertado.
Marcos lo sopapeo dos veces y le dijo- “A ver boludo, te arde la espalda porque te atamos a un caballo y te arrastramos por una colina barranca abajo. Estas en otra dimensión. El vodka no se, pero la nuca te duele porque Gon te rompió un palo en la cabeza cuando estábamos en el establo, y es negro porque Dios lo odia me parece”.
“Dale che, dejen de boludear y entren”- Dijo Javo desde el otro lado del muro –“Esto es un bardo”.
Todos pasaron al interior del pueblo para ver que estaba pasando.
Los techos de todas las casas estaban prendidos fuego, mientras la gente corría de un lado al otro gritando, tocando la bocina e hinchando las pelotas.
Entre todos ellos, extraños guerreros, vestidos con ropas harapientas y armaduras oxidadas, caminaban de un lado al otro con sus espadas desenfundadas y antorchas en sus manos.
“Mmmm… Tenemos que hacer algo”- Dijo Marcos.
“Marcos, vos quedate con Chueco que esta medio boludo por el golpe todavía, yo voy con Gon a tratar de ayudar”- Dijo Javo.
“¿Por qué me tengo que quedar con el muerto este?”- Preguntó Marcos.
“Porque no tenes poderes”- Respondió Javo.
“VOS TAMPOCO”- Replicó Marcos.
“Callate idiota, yo voy con Gon, fin”- Dijo Javo, y se llevó a Gon de la mano calle abajo.
“Ahí Gon”- Dijo Javo –“Ayudemos a ese grupo de personas”
Dos extraños hombres estaban a punto de ensartar a una mujer, pero Gon fue advertido justo a tiempo para pararlos.
Pero no reaccionó, y a la mina la cagaron matando, apuñalándola varias veces en el piso, la prendieron fuego, y se dieron vuelta.
“IDIOTA, AHORA NOS VAN A VENIR A NOSOTROS”- Gritaba Javo, a medida que los espadachines con la cara cubierta se acercaban poco a poco para matar a los valerosos héroes.
Javo esquivaba estocadas una tras otra, pero estaba agotado y lastimado, y parecía que iba a perder la pelea.
Afortunadamente, levantó un fuerte viento en ese momento, e hizo que Gon pierda el equilibrio en el momento indicado. Con un fuerte estruendo, cayó sobre los dos hombres, aplastándolos en el suelo. No murieron al instante, y trataban de cortar a Gon inútilmente con sus espadas para sacárselo de encima, pero las hojas de sus espadas se mellaban al golpear la defensa perfecta de Gon.
Javo los miraba curioso, mientras que estos rugían de furia. En un rápido movimiento, les retiró la capucha de la cabeza, y revelo las caras de los atacantes.
“I-Imposible”- Dijo Javo –“Son… Zombies…”
“¿Ku?”- Preguntó Gon, abriendo los ojos de par en par.
Las caras de los espadachines estaban totalmente putrefactas, con trozos de carne colgando, y el cráneo de uno de ellos relucía bajo el sol.
“Gon, no te muevas, así como estas no te pueden morder”- Dijo Javo, y se acercó a una guadaña que estaba apoyada sobre la pared de una casa. La tomó, y con ella les cortó la cabeza a los muertos vivos.
“Zombies… Tenemos que avisarle a los chicos urgente”- Dijo Javo, ayudando a Gon a levantarse.
En el momento en que llegaron a donde habían dejado a Chueco y a Marcos, los encontraron a ambos rodeados por cinco de estas criaturas, tratando de mantenerlas a raya con un palo.
“Marcos, cuidado, son zombies”- Advirtió Javo.
“Si, ya se boludo, no nací ayer”- Gritó Marcos en respuesta.
“Andate a la concha de tu hermana”- Dijo Javo.
“Chueco, ¿Te falta mucho boludo?”- Le preguntó Marcos a Chueco, que estaba sentado en transe a su espalda, rodeado de luz azul.
“NO”- Respondió –“HOLLOW EXPLOSION” – Gritó, y una onda expansiva celeste mando a todos los muertos vivos volando contra el muro y las casas que los rodeaban.
Javo se resguardó detrás de Gon para protegerse de la onda expansiva.
“Esa Chueco, no perdiste el toque”- Felicitó Marcos.
Antes de que se puedan levantar, Javo, Marcos y Chueco comenzaron a rematar los cuerpos tirados en el piso.
“Oh si”- Dijo Chueco –“No me para nadie”.
“Corrección, juntos no nos para nadie”- Dijo Marcos –“A vos te paro Chueco”.
Una vez terminada la limpieza, se juntaron para ver que hacer.
“Estamos hasta las manos, ¿Dónde mierda nos metimos?”- Pregunto Marcos.
“No sé, pero ya que estamos acá tenemos que tratar de ayudar a esta gente”- Dijo Javo.
“Ah, ya se me están mejorando los pezones por suerte”- Dijo Chueco.
“¿Quién te preguntó?”- Le dijo Marcos.
“Ay, ella, se hace la mala”- Dijo Chueco –“Si no tenes ni poderes, boludo”
“Touché…”- Aceptó Marcos.
“Bueno, sigamos por acá, que es por donde más gritos se escuchan”- Dijo Chueco.
A medida que avanzaban hacia el centro del pueblo, guiados por la enorme columna de humo, notaron que no había zombies por ningún lado.
“Esto esta tranquilo… Muy tranquilo”- Dijo Javo.
“Frase robada de película mal, pareces Jhonny Rico”- Dijo Marcos.
Antes de que Chueco pueda putearlo por el chiste malo que hizo, llegaron a la plaza central de la pequeña ciudad, y vieron la causa de tanto humo.
Amontonados en el centro, una montaña de cadáveres formaba una siniestra pira funeraria, alimentada por los nuevos cuerpos que un grupo de zombies arrojaban sin cesar. Cada tanto se escuchaba el grito de algún pobre inocente que era lanzado todavía vivo, hasta que el grito se apagaba con su vida.
“Que… hijos… de puta”- Dijo Chueco.
Javo comenzó a chillar y se abalanzó sin pensar sobre los zombies, guadaña en mano. Tomados desprevenidos, logró cortarle la cabeza a 4 antes de que un enorme grupo de no-muertos que estaban a un costado empezó a rodearlo.
Chueco, Marcos y Gon corrieron a su lado para ayudarlo. Chueco les hacia crecer desde el interior del cerebro pequeñas explosiones con su poder espiritual, haciéndoles explotar las cabezas uno tras otro.
“Sos un pelotudo Javo”- Dijo Chueco.
“Es que no me pude controlar… Esto es peor que Rambo 4”- Se lamentó Javo.
“Prepárense”- Dijo Marcos.
Repentinamente, todos los zombies se quedaron quietos en su lugar, con ese constante zumbido escapando de sus gargantas.
“¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Me tienen miedo putitas?”- Dijo Chueco.
Entre las filas de monstruos, una columna comenzó a abrirse, a medida que se hacia paso una persona de ojos castaños y pelo rubio, envestido con una armadura liviana que hacia juego con la extraña mascara plateada que cubría su boca.
Con una voz suave pero segura, el misterioso hombre se dirigió a nuestros héroes.
“¿Qué creen que están haciendo?”
“¿Que QUÉ creemos que estamos haciendo, hijo de puta?”- Gritó Chueco con los dedos juntos, haciendo un gesto con la mano como diciendo “¿Qué cobrás, referee?”
“¿Qué carajo estas haciendo VOS? La concha de tu madre”- Pregunto Javo.
“Ku”- Asintió Gon.
“Bueno yo…”- Dijo suavemente el afeminado hombre de armadura –“Estoy juntando almas, claro”.
Chueco estaba bullendo de furia, y Marcos a su lado le dijo por lo bajo “Ojo Chueco, cuidado que puede ser peligroso, este tipo puede controlar a los zombies…”.
“¿Qué decís? Este hijo de puta…”- Dijo Chueco sin escuchar advertencia alguna, y avanzó unos pasos extendiendo sus brazos.
“Spiritual… SHOTS”- Gritó Chueco, enviando cientos de pequeñas esferas de poder por la punta de sus dedos, haciendo explotar todo lo que tocaban. A su rededor, cientos de zombies eran despedazados.
“¡Chueco!”- Gritaba Marcos como una niña. COMO UNA NIÑA GRITABA.
Una nube de polvo y sangre los cubrió, hasta que Chueco finalizó su embate.
Cuando pudieron ver nuevamente, solo quedaban en pie unos pocos zombies mutilados, y el misterioso hombre frente a ellos.
“Ay ay ay… Mira lo que has hecho… Muy ansioso, muy ansioso…”- Dijo tranquilamente el rubio.
“Cerra el ojete, para vos tengo un regalo especial”- Dijo Chueco, y junto sus palmas.
“Gigant… SHOT”- Exclamó Gerardo, empujando con sus palmas hacia delante, y enviando una enorme bola de energía hacia su contrincante, que la recibió con un pequeño gesto de sorpresa.
“Chueco, no va a funcionar”- Decía Marcos –“Es muy podero-“
Como si uno cargase una bombucha con demasiada agua, el líder voló en mil pedazos, haciendo caer una lluvia de fragmentos sobre ellos.
“Ay, ay, Chueco Chueco, no va a funcionaaaaar”- Se burlaba Chueco, un poco agitado por el esfuerzo.
“Ah, callate, sos un tarado”- Dijo Marcos avergonzado.
“Bueno, ahora podemos seguir con la nuestra, ¿No?”- Dijo Chueco.
Desde el cielo, un pedazo particularmente grande del rubio enmascarado, cayó sobre el hombro de Gon.
“¿Eh?”- Se preguntó Gon.
Javo se acercó a examinarlo. No era un pedazo de carne ni nada por el estilo. Algo líquido y plateado estaba sobre Gon.
“Esto… Esto no es carne, esto es una especie de aleación de metal, una amalgama o algo así… Es tipo mercurio, es metal líquido, pero no lo reconozco así nomás…”- Dijo Javo.
“¿Qué? No digas boludeces, esto es carne, CARRRRRNE”- Dijo Chueco.
“No no… ¡Mira!”- Dijo Javo, y les mostró una pequeña gota plateada en la punta de su dedo.
Sin previo aviso, la gota pareció cobrar vida, y saltó del dedo de Javo hacia el suelo, y comenzó a arrastrarse a donde antes estaba el cuerpo del extraño hombre.
Cientos de pedazos plateados comenzaban a juntarse en el mismo lugar. Primero un charco espejado se formo en el piso, pero a mediada que más y más pedazos llegaban, iban formando lo que sin duda era el mismo hombre que Chueco hizo estallar segundos antes.
“Pe-Pero… Yo lo maté”- Dijo Chueco, incrédulo.
“Ay, ay, pero yo lo maté, yo lo maté”- Reía Marcos –“Yo lo maté, spiritual shoooot… ¿Quién le pone esos nombres pelotudos a tus poderes, tu novia?”
“Cerra el orto”- Dijo Chueco de mal humor.
“Sh, callense ustedes dos”- Dijo Javo.
“Ku. KU”- Avisó Gon.
Finalmente estaba parado una vez más el hombre, con el mismo peinado bala y todo.
“Hm… Desde que los vi por primera vez sospeché que no tenían idea de lo que estaban haciendo… Nadie en su sano juicio osaría levantar su mano contra uno de los Tres Emisarios”- Decía el rubio mientras que su mano derecha se estiraba y formaba una afilada espada.
“Les voy a enseñar por que”.
FIN DEL CAPITULO.
